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PRESAGIO - Galería Planeta cúbico - 2011





El fuerte
Gouache sobre papel - 80 x 40 cm - 2014




                                                            
Sin título. Madera y lana tejida. 40 x 40 x 30 cm

                                    
Brújulas. Gouache sobre papel. 70 x 100 cm.

Hipnotizador. Gouache sobre papel. 2011


Vista de la exhibición Presagio en la Galería Planeta Cúbico


Extraño paisaje. Maqueta iluminada. 2011

                                                      

Texto de sala:

           “El hombre ha sido definido científicamente como un animal simbólico debido a que la principal cualidad que lo diferencia de los demás animales es su capacidad para simbolizar, estableciendo vínculos con lo que lo rodea. Los símbolos exceden su significado inmediato, al igual que el alcance de la razón; hacen presente una ausencia y actualizan algo que no puede alcanzarse, que es desconocido o que es imposible de percibir. Lo específico del símbolo es ser la manifestación de lo indecible. Así se materializan en las obras extrañas pirámides, pozos, y demás artilugios cuyas formas geométricas sólo pudieron haber sido efectuadas por el hombre. Estas escenas parecen escapar a cualquier escala de valor o concepción utilitarista y productiva, ya que su función nos resulta desentrañable. A pesar de manifestarse ante nuestra vista, se nos oculta para no disolver el misterio que envuelven. Mircea Eliade señalaba al respecto que “el símbolo revela ciertos aspectos de la realidad -los más profundos-que se niegan a cualquier otro medio de conocimiento. Imágenes,símbolos, mitos, no son creaciones irresponsables de la psique, responden a una necesidad y llenan una función: dejar al desnudo las modalidades más secretas del ser”.El psicoanálisis siempre ha establecido analogías entre la figura del bosque y la imagen del inconsciente, remitiéndonos a los dominios de lo irracional. Los colores que recubren el campo pictórico parecen diluir el carácter amenazante y hasta siniestro con el que suele asociarse este espacio en numerosas culturas, pero no logran disipar los secretos y misterios que se repliegan en estos bosques. La naturaleza se presenta como la portadora de la verdadera sabiduría, un lugar donde la alquimia no necesita de hechizos para extraer de sus entrañas elementos preciosos. Los animales parecen haber perdido su cualidad salvaje para adoptar un gesto melancólico, aparentemente confiados y en actitud curiosa. La condición humana, el instinto animal y los objetos que nos rodean parecen conformar el imbricado universo de esta exhibición. El bosque en este caso opera como el hábitat compartido, donde el acercamiento entre humanos, animales y símbolos induce a pensar en la existencia de algo superior a ambas especies que los amenaza; un extraño presagio.”

Evelyn Marquez, 2011

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Leonardo Cavalcante

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